Allegra Rici, la esposa de Francesco Romano, un famoso empresario italiano, ha sido acusada cruelmente de homicidio, ella tendrá que sortear cientos de dificultades para proteger el fruto de su vientre, a su pequeño hijo, del cual muy pocos conocen su existencia mientras su esposo la cree culpable.
Ven a descubrir esta historia
de la valentía de una mujer que, siendo acusada sin piedad por un crimen que no
cometió, será capaz de enfrentarlo todo. Un esposo engañado por las
circunstancias, una mujer inocente que huye embarazada, una amiga
incondicional, el exnovio eternamente enamorado y un policía sexi que lo
descubrirá todo.
¿Crees que esta historia terminará como te imaginaste? Tal vez el final te sorprenda, no dejes de leerla solo en Buenovela.
Les regalo los primeros capítulos, pero pueden leerla completa en el siguiente enlace:
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CAPITULO 1 ACUSADA
— ¡Salud! ¡Salud! — Se escuchó
el coro de voces al unísono acompañado del sonido de las copas al chocar.
La familia en pleno se
encontraba en el gran salón de fiestas de la mansión Toscana de los Romano, con
la presencia de una selecta compañía de amigos íntimos muy poderosos para
celebrar el sexagésimo quinto cumpleaños del patriarca de la familia.
— ¡Salute e congratulazioni! —
Alguien se acercó al cumpleañero para alabarlo — ¡Que la buena fortuna te siga
sonriendo amigo Giorgio!
Allegra se sintió un poco
abrumada, había estado trabajando todo el día con la decoradora y la planeadora
de fiestas en cada detalle para que la celebración en honor de su suegro
saliera impecable, digna del cumpleaños de un hombre tan importante y poderoso
como él.
Desde su matrimonio con
Francesco Romano, Allegra había hecho todo lo posible por ganarse a la familia,
hacía poco tiempo que formaba parte de ella, apenas un año, pero todavía le era
difícil congraciarse con algunos de los miembros de la familia.
Apuró el trago que tenía en su
copa e inspiró profundamente.
—Cariño, voy a tomar aire al
jardín, ¿Me acompañas?
Le dijo a Francesco pasando su
mano por el hombro de su esposo en un gesto cariñoso.
—Ahora no Allegra, debo estar
aquí con mi padre, además, hay algunos amigos importantes con los que me
interesa conversar de cosas de hombres… ve tú.
Francesco parecía estar
imbuido en la celebración y no prestó la menor atención a la petición de su
mujer.
Allegra bajó la mirada, estaba
decepcionada, había pensado que tal vez podrían tener un momento romántico allá
afuera, pero Francesco no era un hombre cariñoso, tenía el temple de su padre y
era firme en sus decisiones, ella entendió que nada lo movería de ahí, así que
decidió salir a caminar por los terrenos de la mansión.
Cuando cruzó las enormes
puertas francesas de vidrio que daban hacia fuera, su móvil sonó, ella deslizó
la pantalla y encontró un mensaje.
— ¡Felicitaciones por tu nueva
galería! Me alegra mucho saber que al fin vas a pensar un poco en ti, el arte
siempre ha sido tu vida, ¡Y saber que ahora estarás en medio de lo que amas me
contenta mucho!
Allegra sonrió, era una
felicitación genuina de alguien a quien a pesar de las circunstancias le tenía
mucho cariño. Luca había sido su novio en el colegio, y también durante los
primeros años de la universidad, se conocían desde niños. Su amistad permanecía
intacta a pesar de que sus vidas habían tomado rumbos diferentes.
—Gracias Luc, ¡Siempre eres un
sol!
Tecleó de vuelta mientras se
acercaba con la mirada en la pantalla hacia el área de la piscina tropezándose
con alguien.
Al levantar la mirada se
encontró con el rostro furibundo y desencajado de su cuñada.
Ginevra era la reciente viuda
del hermano de Francesco, Enrico había fallecido en extrañas condiciones, le
dio un infarto fulminante siendo un hombre joven y atlético, el médico no había
tenido explicación para tal desgracia.
Enrico dejó a su esposa con un
embarazo de un mes, ahora ya solo faltaban dos meses para que el bebé naciera,
toda la familia lo esperaba con ansias.
— ¡Eres una cualquiera! —
Gritó Ginevra levantando la mano y abofeteando a Allegra sin razón aparente.
— ¿Cuándo te darás cuenta de
que no eres una verdadera Romano?
Debido al impacto del golpe
Allegra dejó caer el móvil entre la jardinera y se quedó de piedra ante la
reacción de su cuñada, ¿Qué diablos le estaba pasando?
— ¿No sé lo que te pasa
Ginevra?, sé que no hemos tenido la mejor de las relaciones, pero eso no te da
derecho a…
— ¿Derecho? ¿Me hablas de
derecho? Has estado ganándote al viejo y dejándome a mí a un lado, ¿Crees que
no me he dado cuenta de cómo lo miras y lo atiendes? ¿Y todo eso para qué?
Allegra no podía creer lo que
estaba escuchando, ella creía que estaba ganándose al suegro con algún
propósito personal, ¿Tal vez por su dinero? ¡Pero qué estupidez! Ella no
necesitaba nada de eso, solo quería sentirse parte de la familia.
—No he hecho nada para
ofenderte, ni siquiera después de lo que vi, no voy a juzgarte Ginevra, sé qué
has pasado por mucho y solo quiero pensar que el dolor te nubló los sesos,
¡Pero no voy a permitir que hagas esto!
El rostro de Ginevra se
transformó en ira pura.
— ¡No te atrevas a mencionar
de nuevo lo que viste! No sabes nada, eres una pobre trepadora, ¡No tendrás lo
que es mío!
— ¿Y qué es lo tuyo? ¿Crees
que por ser la viuda de su hijo él te dará su fortuna?
—Te lo advierto Allegra, te
hundiré hasta el fondo, ¡No te atrevas a decir una sola palabra de lo que vista
a nadie!
Ginebra caminó hacia atrás
hasta el borde de la piscina mientras seguía gritando.
—Ya verás de lo que soy capaz,
¡Esto será solo tu culpa! ¡Todos te odiarán y verás quien de las dos es la que
gana!
Y acto seguido se dejó caer a
la piscina con un ruido fuerte ante los ojos atónitos de Allegra que no podía
entender como ella se había lanzado de esa forma golpeando su vientre contra el
agua y poniendo en riesgo la vida del bebé.
Pensó que tal vez estaría bajo
los efectos del alcohol o algo más para hacer una cosa como esa.
Ginevra se hundió hasta el
fondo y permaneció ahí sin regresar a la superficie, Allegra tardó una fracción
de tiempo en reaccionar y en darse cuenta de que su cuñada efectivamente estaba
inconsciente, así que sin pensarlo más se lanzó al agua para sacarla.
En el salón Francesco escuchó
gritos que venían de afuera, toda la familia y algunos de los invitados oyeron
como Fiorella Romano pedía ayuda.
— ¡Es mamá! — Advirtió el
joven empresario mientras corría a ver lo que sucedía.
— ¡Mamá! ¿Qué sucede? —
Preguntó alterado Francesco tomándola por los hombros, la mujer estaba
visiblemente afectada.
— ¡Es Ginevra!, está en el
fondo, Allegra intenta sacarla, pero no puede ¡Ayúdala hijo, que se ahoga!
Francesco se giró hacia el
agua y efectivamente ambas mujeres estaban en el fondo, sin pensarlo dos veces,
se lanzó a la alberca hundiéndose para sacar a Ginevra que estaba completamente
desmayada, la tomó por la cintura y la llevó hasta el borde de la piscina, otro
par de manos la tomaron y tiraron de ella hasta tenderla sobre el suelo.
— ¡Está inconsciente,
Francesco! ¡Haz algo! — Gritaba urgida Fiorella.
Mientras tanto, Allegra había
tragado mucha agua por tratar de sacar a su cuñada y luchaba por salir a flote,
pero toda la atención estaba puesta sobre la mujer embarazada.
Al fin logró salir con
dificultad, y haciendo grandes esfuerzos por poder respirar se arrastró hasta
el borde y se tendió a un lado tratando de devolver el líquido que estaba en su
interior.
Cuando buscó a su marido con
la mirada lo vio con Ginevra en brazos corriendo en dirección del
estacionamiento.
Todos los presentes estaban
preocupados por lo que ocurriría con su concuñada y el bebé, Allegra solo
esperaba que el pequeño sobreviviera.
La joven se puso de pie como
pudo y subió a su habitación, necesitaba darse una ducha y descansar un poco,
la cabeza le dolía como el demonio y la garganta le quemaba por la ingestión
del agua clorada.
La impresión de ver a su
cuñada atentar así contra sí misma y contra el bebé la habían dejado exhausta.
Se aseó y se recostó un rato
mientras esperaba noticias, pero justo cuando estaba conciliando el sueño,
alguien la tomó de los brazos y la sacó violentamente de la cama.
— ¡Ven conmigo! ¡Tienes mucho
que explicar a la familia! ¿Cómo pudiste? ¡Nunca me imaginé que podrías ser tan
cruel!
La voz grave y profunda de
Francesco la despertó a los gritos.
— ¿Francesco? Amor, ¿Qué pasa?
¿Por qué me haces esto? ¡Francesco! — Allegra intentaba ponerse de pie, pero
los fuertes brazos de su marido la llevaban a rastras del cabello por el
pasillo y luego por la escalera.
La joven se sujetó con todas
sus fuerzas del barandal, incorporándose lo mejor que pudo, pero en medio del
forcejeo pisó mal un escalón y se resbaló rodando escaleras abajo como si fuera
peso muerto.
Se golpeó muy fuerte en la
cabeza, pudo sentir como un líquido caliente comenzó a cubrirle parte del
rostro y cuando quiso levantarse un dolor agudo atravesó uno de sus tobillos
impidiéndole apoyarse en ese pie.
Allegra hubiera querido gritar
de dolor, pero lo que estaba sucediendo le causaba más temor que sus heridas.
¿Por qué estaba siendo tratada
así? ¿Por qué su esposo le hacía esto delante de toda la familia y nadie hacía
nada por detenerlo?
Por un momento la joven pensó
que tal vez estaba soñando, que era una espantosa pesadilla, pero de nuevo
quiso apoyar el pie y el dolor le demostró que era completamente real.
Don Giorgio Romano estaba
sentado en una silla en medio del resto de la familia, todos la miraban con
odio visceral, menos su suegra que parecía desconcertada con la escena en medio
de su casa, la chica no podía comprender por qué.
— ¡Tú eres la culpable! —
Ladró Giorgio levantando el dedo acusador sobre ella.
— Has hecho que perdiera la
única esperanza de tener un descendiente de mi hijo fallecido, ¡Ahora eso nunca
ocurrirá, y todo por tu ambición!
Allegra inclinó la cabeza
ligeramente tratando de atar cabos, ¡No! ¡El bebé, el bebé había fallecido!, la
joven se llevó una mano a la boca.
— ¡No! Suegro, ¡Le juro por
Dios que no he hecho nada! Ella saltó al agua…
— ¡Calla! Sabíamos que dirías
eso, Ginevra nos advirtió que mentirías para salvarte, sabemos que tú la
empujaste, y que luego te lanzaste para asegurarte de que se hundiera, ¿Qué
esperabas ganar con eso?
Las lágrimas rodaron por las
mejillas de Allegra mezclándose con la sangre que manaba de su frente.
— ¡Le juro que no es cierto!
Yo no lo hice, ¡Ni siquiera la toqué! Francesco, por favor, tienes que creerme,
¡Soy tu esposa!
Allegra suplicó, pero él solo
desvió la mirada con desprecio.
—Francesco, no lo hice… no he
hecho nada amor… — Sollozó, desesperada y llena de temor, sabía que su suegro
era implacable, que si los Romano la creían culpable harían de su vida un
infierno.
Amaba a su esposo, con todos
sus defectos y su mal carácter, pero aun así había visto en él lo que nadie
más, pero ahora… ¡Ahora todo se iría por el caño!
¿Acusada de homicidio? Nunca
lo pensó, no podía ser real.
— ¡Arrodíllate! — Gritó
Giorgio levantándose de la silla y acercándose con paso firme hasta ella.
— ¡Suplica, suplica por
perdón, quiero que declares lo que hiciste!
Alegra le plantó cara, sentía
que temblaba como una hoja, pero no le daría el gusto de humillarla de esa
forma, ella conocía su secreto, sabía cosas… y había cerrado la boca para no
afectar su matrimonio.
¿Pero esto, acusarla sin
piedad de esa manera de algo que no era su culpa?, ¡No!, ya había excedido
todos los límites.
— ¡No!, no lo haré, usted sabe
que no soy culpable, ¡Y también sabe lo que yo vi!
Los ojos del viejo se
encendieron de ira, levantó la mano y
luego la dejó caer con fuerza sobre el blanco rostro de la chica lanzándola
contra el suelo, la cabeza de Allegra rebotó sobre el mármol y ella perdió el
conocimiento. Todo se volvió negro.
CAPÍTULO 2 HUMILLADA
Cuando abrió los ojos seguía
tendida en el suelo, la boca le ardía y la cabeza le daba vueltas, era como si
la hubieran molido a palos, no sabía que le dolía más, si el corazón o los
golpes.
Intentó incorporarse pero fue
inútil, su tobillo torcido y el golpe en la cabeza habían sido demasiado.
—Ya abrió los ojos Don Giorgio
— Ella escuchó a alguien decir — ¿Qué quiere que hagamos con ella?
Solo se escuchaba el sonido de
las respiraciones agitadas de todos esperando a que el viejo decidiera.
—Francesco será quien lo haga
— Y levantando la mirada hacia su hijo le ordenó: — ¡Anda! Sácala fuera y
déjala que pase la noche con los perros, ¡Eso es lo que se merece esta
infanticida! Mañana que se la lleve la policía, no la denunciaré esta noche,
eso sería demasiado cortés con ella y no lo merece, ¡Que sufra por lo que hizo!
—Como usted diga papá —
Francesco ni siquiera lo dudó, estaba lleno de rabia, la pensaba culpable de la
muerte del no nato.
Tomó a su esposa por el brazo
y la levantó en vilo, obligándola a caminar con el tobillo lastimado dándole
empujones hasta llevarla fuera.
Ella seguía sollozando e
implorando piedad a su esposo, seguramente él le creería.
— ¡No lo hice amor, tienes que
creerme! Te lo ruego, no me hagas esto, Francesco ¡Te amo! No lo hagas…
—Te quedarás ahí fuera lo que
queda de la noche, y mañana llamaré a la policía, seguramente pasarás el resto
de tu vida encerrada, así que disfruta del espacio allá afuera porque será la
última vez que estarás en un lugar así… me has decepcionado Allegra, ¡Pensé que
tenías un espíritu noble pero me equivoqué!
Le dijo con la mirada helada
empujándola hacia fuera y cerrando las puertas tras de ella.
Allegra se dejó caer recostada
contra la pared hasta sentarse en el suelo. A lo lejos se escucharon los
truenos que avisaban que una lluvia torrencial se avecinaba. El viento frío la
golpeó con fuerza y debió abrazarse a sí misma para mantener algo de calor.
La lluvia caía a cántaros y
ella solo estaba vestida con una sencilla bata de seda, comenzó a toser
incontrolablemente, el frío estaba haciendo que esa vieja afección respiratoria
se activara.
Estaba expuesta a una de sus
crisis de asma, hacía más de un año que no las sufría, pero el estrés y las
bajas temperaturas eran ingredientes suficientes para un ataque.
Trató de pensar en donde
estaba su inhalador… ¡En su bolso, arriba en el armario!, no podría llegar
hasta él, tendría que ser fuerte y hacer ejercicios de respiración si quería
evitar desmayarse.
Allegra temblaba de frío e
inspiraba hondo, lo más hondo que podía, así soportó con enorme dificultad
hasta que los rayos del alba aparecieron sobre el horizonte Toscano.
« Ya está amaneciendo, tengo
que entrar y tratar de llamar a alguien que venga a buscarme, no me quedaré
aquí para que me encierren por algo que no hice », Pensó para sus adentros.
Se incorporó pesadamente e
hizo el intento de caminar, pero su pie lucía inflamado y amoratado,
seguramente tenía una seria lesión.
Siguió apoyada de la pared
buscando la entrada de servicio, la propiedad era enorme, así que tuvo que
rodearla tratando de no ser vista por el personal de seguridad.
Sin embargo, el vigilante del
portón principal que había hecho el turno nocturno y no se iba hasta medio día,
la había visto toda la noche desde las cámaras.
Allegra logró evadir los
obstáculos y subir hasta su habitación, empujó la puerta con cuidado, pero su
esposo no estaba allí, seguramente había dormido en otra parte, agradeció al
cielo que fuera así y se apresuró a vestirse con ropa deportiva y cómoda, tomó
algo de ropa y la metió en un bolso, sus documentos y llamó desde el teléfono
fijo de la habitación a su mejor amiga.
El pib, pib, pib, constante del teléfono, le
ponía los pelos de punta, Arianna no
contestaba.
—
¡Por favor, por favor amiga, contesta! — Rogó.
—
¿Bueno?
—
¡Arianna soy yo! Allegra, ¡No tengo tiempo de explicarte nada, solo escucha!
—
¿Allegra? ¿Qué te pasa? Estás muy alterada.
—Me han inculpado de
homicidio, te juro que no he hecho nada, me conoces…
— ¡Claro que no!, ¡No serías
capaz de matar ni a una mosca! ¿Qué estupidez es esa?
— ¡Van a encerrarme! Amiga
solo te tengo a ti… — Y la voz se le quebró en mil pedazos.
— ¿Dónde estás Allegra? Iré
por ti.
—En la mansión, pero tengo que
huir, ¿Puedes buscarme?
— ¡Por supuesto! Espérame en
la entrada, ¡Voy volando!
Allegra colgó y de inmediato
abrió la puerta con sigilo, miró hacia los lados, el pasillo estaba solo, se
apresuró como pudo a salir hasta la carretera que daba a la salida de la
propiedad y recorrió todo el camino cojeando y aguantando el intenso dolor en
el tobillo así como la presión en su pecho.
Sentía asfixia, como si su
corazón fuera a estallar en mil pedazos, ni siquiera había podido aspirar un
puf de su inhalador de asmática para soportar la huida.
Al acercarse al portón de
hierro forjado, el auto de Arianna estaba detenido en la entrada esperándola,
Allegra hizo un último esfuerzo en llegar y cuando ya estaba a unos cuantos
metros, Francesco apareció tras ella dando voces y gritando su nombre a todo
pulmón.
— ¡Allegra! ¡Allegra, detente!
— La joven apenas lo vio venir, apretó el paso aunque sentía que su tobillo iba
a doblarse en dos — ¡Deténgala, cierre el portón, no la deje salir!
El guardia miró a uno y otro
alternantemente y vio la angustia en los ojos de la chica, qué desesperada le
rogó que no la detuviera, él ya había visto bastante de su sufrimiento en las
cámaras del jardín toda la noche, recordó que pensó que Don Giorgio debía ser
un hombre terrible para exponer a una joven tan dulce como la señora Allegra a
semejante situación.
Se hizo el desentendido, como
si no hubiera comprendido la orden de Francesco y solo puso el portón en
movimiento cuando ella cruzó, así su esposo no pudo alcanzarla.
La joven apenas logró abordar
el vehículo cuando se desplomó en el asiento trasero, Luca cerró la puerta y
Arianna puso el auto en movimiento derrapando con las yantas sobre el
pavimento, dejando marcada una media luna negra, mientras Allegra buscaba
desesperadamente su inhalador.
— ¡Te dije que no la dejaras
ir! — Ladró Francesco al guardia de seguridad de la mansión — ¿Cómo pudiste?
—Señor Francesco, no le
escuchaba lo que me decía, pensé que la señora iba tarde a algún compromiso, y
luego, cuando usted estuvo más cerca, me di cuenta de que quería que cerrara el
portón, por eso reaccioné tarde y ella ya había cruzado al otro lado.
El hombre se disculpó
haciéndose el inocente. Francesco estaba que se lo llevaban los mil diablos,
pateó con fuerza el portón, la ira se había adueñado de él por completo.
Regresó sobre sus pasos, hecho una furia y notó que desde el jardín algo
brillaba entre las plantas, cerca de la piscina.
Se inclinó para constatar que
era el teléfono móvil de su esposa, el que se le había caído la noche anterior,
y de inmediato revisó en su buzón de mensajes, encontrando que el último
mensaje que había enviado era para su exnovio, Luca Ferrini.
“Gracias Luc, ¡Siempre eres un
sol!”, leyó en voz alta mientras se atragantaba con la última palabra… “Sol”,
Luca era un sol en la vida de Allegra, entonces, ¿Qué era él?
Si Francesco había estado
furioso, ahora lo estaba más.
— ¡Esa maldita me estaba
engañando! — Bufó a los cuatro vientos confundiendo las cosas — ¡Mató a mi
sobrino y también me puso los cuernos!, pero se acordará de mí… esto no se
quedará así, ¡Juró por todo lo que es sagrado que lo pagará muy caro!
Y acto seguido lanzó el móvil
al suelo volviéndolo pedazos.
Arianna condujo lo más rápido
que pudo hasta su lujoso apartamento mientras Luca intentaba calmar a su amiga.
—Cálmate Allegra, mírame,
debes tranquilizarte, ya estás a salvo.
—No lo consigo Luca, no lo
consigo — Decía desesperada, pero Luca no entendió a lo que se refería hasta que
la vio ponerse morada y comenzar a ahogarse.
—Mi inhalador… — Apenas logró
articular antes de desvanecerse.
—Arianna, ¡Corre, ve a un
hospital, se está asfixiando! — Gritó cuando la chica se desmayó en sus brazos.
— ¿Qué sucede allá atrás?
—Conduce, ¡Busca un hospital,
acaba de desmayarse, es su asma!
Luca recostaba la cabeza de
Allegra sobre sus rodillas intentando hacerla reaccionar mientras Arianna
buscaba la ruta más corta hacia el hospital más cercano.
El sonido del televisor la
despertó, Luca estaba dormido en el sillón junto a su cama de hospital y
Arianna estaba junto a él, a la rubia le pareció que hacían una hermosa pareja.
Sintió nostalgia, ella habría
querido para sí, una relación así con Francesco, cuando se casó con él lo hizo
muy ilusionada y enamorada, pensó que su vida sería un camino de rosas, pero
nunca pensó en las espinas.
Quiso ponerse en pie, pero
tenía el macro gotero en su brazo, así que debió hacer maromas con la bolsa del
suero para poder levantarse sin hacer mucho ruido para ir al baño.
—Buenos días, amiga — Escuchó
la voz de Arianna del otro lado de la puerta — ¿Cómo te sientes?
— ¿Arianna? Estoy mejor, dame
un minuto, ya casi estoy lista.
—Te dejé ropa sobre la cama,
Luca y yo iremos por un café, ¿Quieres uno?
— ¡Si, por favor!, ya salgo.
—Ok, venimos en un momento, no
tardaremos.
Abrió la puerta y tomó la
ropa, pero cuando iba a vestirse escucho las noticias en la televisión:
—Esposa del famoso empresario
Francesco Romano, es acusada de homicidio a bebé no nato, e intento de homicidio
a su cuñada Ginevra, viuda de Romano…
La periodista narraba las
noticias con tanta naturalidad que a Allegra le dieron náuseas de inmediato.
—La policía sigue el curso de
las investigaciones, y se espera dar con su ubicación en las próximas horas,
testigos afirman que la vieron huir junto a su exnovio Luca Ferrini, con quien
se cree que engañaba a su esposo, la familia Romano ofrece cuantiosa recompensa
a quien pueda brindar información fehaciente sobre el paradero de Allegra Rici de Romano.
Allegra se llevó las manos a
la boca, pero ni siquiera tuvo tiempo de lamentarse porque un par de enfermeras
que veían la televisión desde el pasillo próximo, entraron a la habitación para
buscarla, Allegra ya se había escondido de nuevo en el baño y se cambiaba de
ropa apresuradamente con el corazón en la mano mientras las mujeres murmuraban
afuera.
— ¡Es ella, estoy segura!
— ¡Debemos dar aviso a la
policía!
— ¡No! — Le increpó la otra —
a la familia Romano, ellos están ofreciendo una recompensa, son demasiado ricos,
no perdamos tiempo, vamos a buscarla, ¡Ha de estar por ahí, todavía no le dan
el alta!
CAPÍTULO 3 PERSEGUIDA
Ambas enfermeras decidieron
buscarla. Allegra se vistió con rapidez y en cuanto escuchó las voces de
Arianna y Luca salió de su escondite visiblemente alterada.
— ¡Chicos, chicos, debo irme
ya!
—Allegra, pero si todavía el
médico no te ve, debemos esperar, no tardará.
—No, no me estás escuchando,
estoy en las noticias, mejor dicho, estamos en las noticias, los Romano acaban
de ofrecer una cuantiosa recompensa por quien les dé información sobre mí, y
acabo de escuchar a dos enfermeras decir que me entregaran para cobrar la
recompensa.
Las palabras salían de la boca
de Allegra como un tropel sin freno, totalmente desbocadas en un río desbordado
mientras Arianna intentaba comprender.
— ¿Dónde escuchaste eso?
—Hace unos minutos en el
noticiero.
— ¿Qué más dijeron?
Allegra se avergonzó.
—Creen que le fui infiel a
Francesco contigo Luca…
— ¡Oh! Entiendo, no te
preocupes por eso amiga, sé que no es cierto y eso es suficiente, y los demás
pueden creer lo que quieran — Dijo Arianna.
—Sí, lo sé, pero el problema
es que lo están involucrando en la horrible acusación que me están levantando…
no quiero que tengas problemas Luca…
—No los tendré, no tienen nada
contra mí, son solo suposiciones, no durarán cinco minutos con eso en una
corte, ahora lo importante es esconderte hasta que las cosas se calmen un poco
y podamos averiguar de dónde sale toda esta locura.
—La verdad es que no quisiera
perder mi matrimonio, amo a Francesco, no sé si debería entregarme para
demostrar mi inocencia…
— ¿Qué? ¿Estás loca amiga?
¡No, de ninguna manera! No te dejaré hacerlo, eso no tiene sentido, nada de lo
que te hicieron lo tiene, el médico dijo anoche que te habían apaleado, que los
moretones que tienes son de violencia, tomamos fotos y él te hizo algunos
estudios, por suerte ya los tengo conmigo, así que contamos con pruebas de
todo.
—Creo que estamos perdiendo
tiempo — Advirtió Luca — Movámonos ya, antes de que las enfermeras regresen.
Los tres salieron con rapidez
de la habitación con rumbo a los elevadores, pero al llegar a la esquina del
pasillo vieron a las dos mujeres venir de frente, Allegra se detuvo en seco y
Luca la cubrió con su cuerpo, era alto y ancho de espalda así que prácticamente
la cubrió mientras se devolvían para tomar el siguiente pasillo.
Siguieron derecho, pero en
algún punto, uno de los pacientes la reconoció como la mujer de las fotos del
noticiero, a la que buscaba la policía, y pronto hubo un grupo de personas
gritando que detuvieran a la mujer que había matado al bebe de su cuñada.
En menos de cinco minutos la
vida de Allegra había cambiado por completo. Pasó de ser una víctima a ser una
victimaria, de ser una paciente a ser una prófuga perseguida de la justicia,
los guardias y la policía cubrieron el hospital de arriba abajo mientras
Arianna y Luca hacían lo posible por esconderla.
Se metieron al cuartito de
limpieza y esperaron por un rato, un par de policías pasó diciendo que en
cuanto la encontraran la llevarían detenida, y que por los cargos de los que se
le acusaba seguramente no saldría jamás de la cárcel.
— ¿Y ahora qué hago? — Sollozó
en baja voz mientras apoyaba torpemente su pie lastimado en el suelo — Ni
siquiera puedo caminar sola, no sé lo que haré, además, ya los he metido a
ustedes también en este problema…
—Te sacaremos de aquí — Luca
aseguró — te conozco de toda la vida Allegra, eres una de mis mejores amigas y
no te dejaré sola, sé que Arianna tampoco lo hará, eres como su hermana, así
que ten confianza, algo se me ocurrirá.
Luca tomó una sábana de un
motón de ropa de cama y salió en busca de algo para movilizar a Allegra, las
chicas se quedaron solas por un rato en el cuartito, cuando él regresó, venía
vestido como un cirujano y traía consigo una silla de ruedas, sentó a la rubia
y la cubrió con la sábana, de esa manera parecía que estuviera trasportado a
cualquier paciente, y así pasaron frente a los dos policías y a las enfermeras
sin que los notaran.
El corazón de Allegra corría a
mil por hora llena de temor, temblaba como una hoja al pensar que pudieran
encerrar a sus amigos acusándolos de ser sus cómplices.
Llegaron hasta abajo, y justo
cuando estuvieron a punto de ser vistos por la policía, las puertas de cristal
se abrieron y el uniformado solo vio salir a un cirujano con un paciente en
silla de ruedas, y a una joven acompañándolos.
La policía los buscó en todas
partes, pero no los halló, así que informaron a la familia Romano que la joven
había estado internada desde la mañana y que había huido.
—Señor Romano, no podemos
asegurarle nada, ustedes deben comprender… — El policía se excusó´.
— ¡No me diga eso!
Simplemente, es una excusa, necesito resultados, esa mujer es la culpable de
que mi nieto haya muerto, el único retoño de mi hijo fallecido, ¡No puede
decirme simplemente que no pueden hacer nada!
Giorgio Romano temblaba de la
ira, explicando su verdad de los hechos, la cual no correspondía a la verdad
real. Colgó la llamada con la policía y se quedó mirando a Francesco como si él
fuera un idiota.
— ¡Esto también es tu culpa
por casarte con esa mujer! Sabes que no estuve de acuerdo con esa boda, pero
tú, ¡Oh, tú tenías que casarte con ella!
—Papá, no veo como yo…
— ¡Calla! Irás y la encontrará
tú mismo si es necesario, ¡Y luego la encerrarás para que pague por el ultraje
que ha cometido a nuestra familia!
—Haré lo posible…
—No me sirve que hagas lo
posible Francesco, no… ¡Harás hasta lo imposible por encontrarla y llevarla a
la justicia! Ella debe pagar… ¡Debe pagar!
—Giorgio, creo que estás dándole
más importancia a esto de lo que en realidad la tiene — Fiorella su mujer se
atrevió a decir después de reunir fuerzas para hacerlo, le temía a su marido, a
lo temperamental e intransigente que podía llegar a ser.
El viejo se giró para atravesarla
con la mirada.
— ¿De qué estás hablando
mujer? ¿Acaso no te parece suficiente la muerte de tu nieto?
—No hablo de eso, estoy tan
dolida por esta tragedia, incluso más que su propia madre, a la solo parece
interesarle acusar a Allegra, y ustedes dos, solo han seguido al pie de la
letra cada palabra de esa mujer, ¡Ninguno se tomó un minuto para escuchar la
otra versión de la historia! — Dijo indignada.
—No te atrevas a decir una
palabra más, Fiorella, no sabes de lo que hablas, es mejor que mantengas la
boca cerrada si quieres mantener tu lugar en esta familia — La amenazó su
esposo.
Francesco no aprobaba la
manera en como su padre trataba a su madre, pero en ese momento estaba de
acuerdo con el viejo, era mejor que se mantuviera al margen.
—Ya lo sabes Francesco, ¡No
quiero un “no” por respuesta!
Francesco salió de inmediato,
subió a su coche y lo puso en marcha. Mientras conducía sintió su pecho
apretado, como si una fuerza se lo oprimiera. Su padre le había responsabilizado
de la desgracia por haberse casado con Allegra, cuando se rebeló contra su
padre para poder casarse con ella.
Recordó como casi nadie en la
familia la había visto con buenos ojos, era una chica recién graduada de la
Licenciatura en Fotografía de la Rome University of Fine Arts, y nadie la
tomaba en serio. Solo era una hippie ilustrada, nada más.
La única que la había querido
de inmediato había sido su madre, tal vez por su afinidad a las bellas artes
como ella, pero Fancesco había ido en contra de su padre porque la belleza de
Allegra lo había obnubilado.
Parecía una modelo, de hecho
había modelado durante sus primeros años en la universidad, pero luego lo había
dejado para dedicarse a su proyecto de la galería de arte.
Francesco también había visto
nobleza en ella, sencillez y un interés casi nulo en su dinero, cosa difícil de
encontrar, porque siendo el magnate que era, tenía a las mujeres haciendo fila
tras él, así que pensó que sería bueno tener a una mujer desinteresada a su
lado, por si algo no funcionaba entre ellos, al menos no se aferraría a su
fortuna.
Ahora solo estaba lleno de
deseos de venganza.
—No puedo creer que pensara
tan estúpidamente que ella era la mujer más desinteresada del mundo — Se dijo
para sus adentros — ¡Me engañó! Me engañó durante todo este tiempo… ¡Un año! Un
año completo creí que era una buena persona, que no le importaba mi dinero y
que solo quería una vida sencilla, ¡Qué idiota fui!
Se recriminó, sintiéndose
timado en sus sentimientos y sobre su orgullo.
— ¡Me vio la cara de estúpido
junto a su noviecito trepador! Pero lo pagarás Allegra, ¡Pagarás todo lo que
has hecho!
Mientras Francesco se dirigía
hacia la estación de policía, Arianna seguía conduciendo hacia las afueras de
la ciudad.
— ¿A dónde vamos? — Preguntó
Luca cuando vio que su novia se desviaba del camino y tomaba la vía del bosque.
CAPÍTULO 4 ESCONDIDA
Arianna se desvió hacia el
bosque y pronto estuvo sobre una carretera de grava.
—Allegra, ¿Recuerdas aquel
paseo de chicas que hicimos en el primer año de universidad?
—Sí, lo recuerdo bien.
—Bueno, me enamoré de ese
lugar y compré la cabaña, quería hacer algo lindo ahí, pero ya sabes, el tiempo
no da para mucho, creo que es el lugar perfecto para que te escondas por un
tiempo, no es nada lujoso, sé que no está al nivel al que estás acostumbrada y
hace mucho que no vengo, debe estar lleno de polvo y alimañas, supongo que
tendremos que limpiar un poco y ponerla habitable, pero a nadie se le ocurrirá
buscarte ahí.
— ¡Eres la mejor amiga que he tenido Arianna! Muchas
gracias por tomarte tantas molestias para ayudarme.
— ¡Ejem, ejem! ¿Y yo donde quedo?
—Tú también Luca, en serio,
chicos, no sé qué habría hecho sin ustedes…
—No es nada, ahora solo debes
armarte de paciencia porque este lugar está alejado de la civilización y no hay
teléfono, por ahora te quedarás aquí y fingirás que estás de vacaciones, unas
muy largas Allegra, y cuando las aguas se calmen iremos contra ellos con todo.
El camino fue largo, Allegra
les había contado todo lo sucedido durante el viaje, Arianna la escuchaba
totalmente aterrada de cada palabra, los Romano eran implacables, nunca había
escuchado tal crueldad en tantos años del ejercicio como Abogado.
— ¡Armaremos un caso y no
sabrán que los golpeó! Nadie puede acusar de esa manera a otro sin pruebas, y
mucho menos usar la violencia de esa forma, ese señor Giorgio Romano cree que
es el amo del Valle, pero le mostrarás que no es así.
Llegaron a la cabaña, el
paisaje natural era hermoso y contaba con agua corriente, pero no tenía
electricidad, solo una cocina a gas y un calentador a leña para el invierno,
pero no esperaban que llegara el invierno con Allegra allí… ¿O sí?
—Arianna, iré por comestibles,
no hay nada aquí y ella no puede movilizarse caminando con ese pie, así — Dijo
Luca observando que no había nada para comer.
—No cariño, yo lo haré,
recuerda que tú eres el ex que la ayudó a huir… — Dijo ella con sorna — Regreso
en un rato, ayúdala a poner esto en orden amor.
Se despidió la abogada dándole
un beso y regresando al auto.
Luca arregló todo lo que el
tiempo le permitió y dejó el lugar habitable para evitar que el polvo le
causara daño a Allegra, conocía bien sus crisis de asma, así que se esforzó
mucho, al cabo de un par de horas Arianna regresó con varias bolsas de
alimentos, agua potable y medicina para el dolor y la inflamación.
—Vendremos la próxima semana y
te traeré comida, ropa y un teléfono, tan pronto regrese, traeré también una
pequeña planta eléctrica y combustible, así podrás cargar el móvil, hay
suficiente leña cortada y seca, pero supongo que en esta época del año no la
necesitarás — Y dirigiéndose luego a su novio — Cariño ¿comprobaste que hubiera
gas?
—Sí, ya lo hice, alcanzará para
la próxima semana.
La despedida fue triste, un
largo abrazo y lágrimas rodando por las mejillas, cuando los chicos se fueron
Allegra se quedó completamente sola y devastada.
Era la Señora Allegra Rici de
Romano, la esposa de uno de los hombres más ricos e influyentes de Italia, y
ahora era una prófuga de la justicia, y todo porque a su concuñada le había
parecido acusarla sin piedad de algo que no había hecho.
Allegra había pasado de
estupor en estupor desde la acusación, ni siquiera había tenido tiempo para
reflexionar en lo que estaba viviendo, solo había llorado la noche en que la
sacaron como un perro bajo la lluvia, pero ahora se sentó sobre el suelo de
madera de esa vieja cabaña en medio de la nada a pensar en su suerte.
Pasó las siguientes semanas completamente
sola y deprimida, no se atrevía a irse por temor a que la atraparan. A veces
lloraba desconsolada, pensando en cómo su amado Francesco se había prestado
para hacerle tanto daño.
Mientras tanto, el odio y el
rencor crecían en el corazón de Francesco, se odiaba a sí mismo por haber sido
tan incauto y haber creído que Allegra era una buna mujer, estaba abatido,
desconsolado y avocado por completo a la causa familiar de destruir a la que
una vez había sido su esposa.
Luca y Arianna iban de vez en cuando
a verla y a llevarle lo que podía serle útil, pero no podían quedarse mucho
tiempo porque también estaban siendo investigados, Luca no fue preso porque
Arianna era una abogada con garra y defendió su causa, pero eso no significaba
que los Romano no tuvieran a alguien tras ellos, así que sus visitas se hacían
cada vez más lejanas.
—Te traje esto — Le dijo
Arianna dándole una cajita con un móvil nuevo — La línea está a nombre de una
de mis secretarias, así que no la relacionarán contigo, pero no lo uses a menos
que sea absolutamente necesario, no te expongas, ¿Está bien?
Allegra asintió. Estaba presa
sin estar tras las rejas, sola, triste, abatida y odiada por el hombre al que
amaba. La depresión la hizo bajar de peso y Arianna debió traerle unas vitaminas,
también le hizo un cambio de look para animarla y para que no fuera fácil de
identificar por si alguien llegaba a verla.
Arianna cortó su dorado y
largo cabello al estilo Bob, corto atrás y más largo en el frente, dándole un
aspecto atrevido y moderno que enmarcaba sus delicados rasgos, y lo pintó en un
rojo cobrizo que resaltaba con sus enormes ojos del color del cielo.
— ¡Ya está Allegra!, dudo
mucho que alguien sepa que eres tú…
La chica se miró al espejo casi sin reconocer su propia
imagen, en otro contexto le habría encantado experimentar algo tan extremo como
ese cambio, pero en las actuales circunstancias no le animaba en lo más mínimo.
La policía intensificó la
investigación, los Romano aseguraban que la joven esposa del magnate financiero
era la culpable de tan abominable hecho, y mientras tanto, Giorgio Romano no
dejaba de visitar a Ginevra en el hospital, que se recuperaba lentamente, pues había
requerido tratamiento psicológico.
— ¿Cómo estás Ginevra? Sabes
que no he podido estar más cerca de ti de lo que quisiera, mi mujer no me
pierde paso, temo que sospeche de lo nuestro — Dijo Giorgio tomando su mano y
besándola con deseo, ardía de pasión por la exuberante joven.
—Giorgio, ¡Sabes que te amo!
Solo espero con ansias cada minuto contigo — Mintió descaradamente — Tengo una
confesión que hacerte…
— ¿Qué cosa preciosa? Dime lo
que sea.
—El bebé Giorgio, el bebé era
tuyo.
El viejo bajó la mirada triste
al suelo y luego levantó la barbilla de nuevo en actitud desafiante.
—Lo sé… por eso esa mujer
pagará por lo que te hizo, ¡Nadie se atreve a meterse con lo mío y sale ileso!
— ¿Qué es lo que harás? —
Preguntó con cara de niña buena y acariciándole la mejilla para endulzarlo
mejor.
—La buscaré hasta debajo de
las piedras si es necesario, ¡Pero te juro por nuestro bebé que estará presa
muy pronto!, ¡Pagará con la cárcel por lo que nos hizo!
Una sonrisa de satisfacción
más parecida a una mueca tosca se dibujó en el rostro de Ginevra, estaba hecho,
había logrado engañar a todos y tenía al viejo multimillonario comiendo de su
mano y ardiendo por ella, solo le quedaba seguir haciendo el papel de la viuda
abatida por la pérdida de su hijo.
Y mientras tanto, seducir a
Giorgio de la manera más vil para sacarle dinero, necesitaba planear su próximo
paso, sacar a Fiorella de en medio, ya se había deshecho de su esposo Enrico,
su muerte había parecido un accidente, había sacado de en medio a la estúpida
de Allegra y ahora iría por Fiorella, así tendría el camino totalmente libre.
MI NOVIO VOLVIÓ A MÍ CON LA AYUDA DEL DR. ISIKOLO Y ESTOY REALMENTE ABURRADO
ResponderBorrarCuando se perdió toda esperanza de que la relación entre mi novio y yo volviera a funcionar, me conecté a Internet en busca de ayuda, leí y me comuniqué con el DR ISIKOLO, quien vino y arregló todo y lo seguiré apreciando por el resto de mi vida. Muchas veces pasé por un trauma emocional debido a los interminables problemas que tenía con mi hombre y eso llevó a nuestra ruptura y es por eso que busqué ayuda y descubrí al DR ISIKOLO que vino a rescatarme. Me indicó los procedimientos y me instó a cumplir lo cual hice con mucho gusto y no demoró el proceso de dar solución a mis problemas y obtuve el resultado en solo 2 días como me aseguró. No se moleste en buscar ayuda en otra parte porque es demasiado bueno ayudando a la gente. Es digno de confianza y honesto, así que envíele un mensaje de texto ahora a través de WhatsApp: +234-8133261196 o su correo electrónico: isikolosolutionhome@gmail.com