miércoles, 4 de mayo de 2016

FELIZ DÍA DE LA MADRE



Historia
Mientras algunos atribuyen la celebración del Día de la Madre a una estrategia mercadotecnica y comercial, la realidad es que su origen tuvo un sentido muy diferente.

Las celebraciones por el día de la madre se iniciaron en la Grecia antigua, en las festividades en honor a Rhea, la madre de Jupiter, Neptuno y Plutón.


El origen del actual Día de la Madre se remonta al siglo XVII, en Inglaterra. En ese tiempo, debido a la pobreza, una forma de trabajar era emplearse en las grandes casas o palacios, donde también se daba techo y comida.

Un domingo del año, denominado «Domingo de la Madre», a los siervos y empleados se les daba el día libre para que fueran a visitar a sus madres, y se les permitía hornear un pastel (conocido como «tarta de madres») para llevarlo como regalo.
Esta celebración se desarrollaba colectivamente, en bosques y praderas.
Aunque algunos colonos ingleses en América conservaron la tradición del británico Domingo de las Madres, en Estados Unidos la primera celebración pública del Día de la Madre se realizó en el otoño de 1872, en Boston, por iniciativa de la escritora Julia Ward Howe (creadora del «Himno a la república»). Organizó una gran manifestación pacífica y una celebración religiosa, invitando a todas las madres de familia que resultaron víctimas de la guerra por ceder a sus hijos para la milicia.
Tras varias fiestas bostonianas organizadas por Ward Howe, ese pacifista Día de la Madre cayó en el olvido. Fue hasta la primavera de 1907, en Grafton, al oeste de Virginia, cuando se reinstauró con nueva fuerza el Día de la Madre en Estados Unidos, siendo Ana Jarvis, ama de casa, quien comenzó una campaña a escala nacional para establecer un día dedicado íntegramente a las madres estadounidenses.
En memoria de una madre
Luego de la muerte de su madre en 1905, Jarvis decidió escribir a maestros, religiosos, políticos, abogados y otras personalidades para que la apoyaran en su proyecto de celebrar el Día de la Madre, en el aniversario de la muerte de su propia progenitora, el segundo domingo de mayo.
Tuvo muchas respuestas, y en 1910 esta fecha ya era celebrada en casi todo Estados Unidos.

En 1914, el Presidente Woodrow Wilson firmó la proclamación del Día de la Madre como fiesta nacional, que debía ser celebrada el segundo domingo del mes de mayo.

La primera celebración oficial tuvo lugar un día 10 de mayo, por lo que este día fue adoptado por muchos otros países del mundo como la fecha del «Día de las Madres».

En México, los aztecas ya honraban la maternidad

A la madre de Huitzilopochtli
Honrar la maternidad también fue característica de las culturas que poblaron Mesoamérica antes de la Conquista. Una de ellas, la azteca, rendía culto a la madre de su dios Huitzilopochtli, la diosa Coyolxauhqui o Maztli, que según era representada por la luna.
La mitología cuenta que durante la creación del mundo fue muerta a manos de las estrellas, que celosas, le quitaron la vida para que no diera a luz a su hijo Huitzilopochtli, quien representaba al sol, sin embargo, éste sí pudo nacer, venciendo a las tinieblas.
Los indígenas rendían especial tributo a esta diosa y dedicaron a ella hermosas esculturas en oro y plata, que no sólo revelan profundo sentido artístico sino la importancia tan grande que ellos concedían a la maternidad.
La peregrinación al Tepeyac
El más representativo de estos rituales era el celebrado a mediados de la primavera, en el cerro del Tepeyac, con el fin de honrar a la madre de los dioses, Tonantzin, cuyo nombre significa «nuestra madre venerable».
Los festejos a la maternidad entre los aztecas eran de carácter sacro. Peregrinar desde distintos puntos del antiguo México para honrar a Tonatzin, era un acto de comunión cósmica y una ceremonia de reconocimiento a la propia madre.
Tonatzin, como dice la historiadora Bibiana Dueñas, «era “la Madrecita”, y tenía por mayor atributo la vida; ella la daba. De allí su importancia y su fuerza más grande. Era el elemento vital de la sangre y, por lo tanto, también la guerra y la muerte eran sus atributos». En las fiestas se le invocaba como «madre de las divinidades, de los rostros y los corazones humanos». Tonatzin aparecía muchas veces, según cuentan, como una señora vestida elegantemente de blanco; de noche gritaba y pregonaba.
También cuentan que traía una cuna a cuestas, como quien trae a su hijo en ella; iba al mercado y se acomodaba entre las otras mujeres; más tarde desaparecía, abandonando la cuna por ahí. Cuando las otras mujeres advertían la cuna estaba olvidada, se asomaban a ella y encontraban un pedernal, con el cual se hacían sacrificios en su honor.

Tomado de :

viernes, 12 de febrero de 2016

EMOCIONES Y EDUCACIÓN



Por: Alexandra Petrovic J.
11/02/2015
Elsa Punset, filósofa, escritora y conductora del programa Redes hace un análisis general y ameno de la manera como se contagian las emociones, y cómo ellas pueden o no ser beneficiosas. 

Explica que es un proceso inconsciente el de contagiar a otros con nuestros estados de ánimo, todos en algún momento hemos experimentado alguna situación en la que, como se ve en su programa El contagio de las emociones, alguien se ríe ruidosamente y su risa nos produce relajación y deseos de reír también, por el contrario, el enojo y la tristeza, el ambiente "pesado" también es perceptible y contagiable. 

Explica Punset, que una de las razones por las cuales se da este fenómeno, es gracias a las neuronas espejo que son las encargadas de que seamos propensos a imitar el comportamiento de nuestros congéneres, ya sea por la necesidad del sentido de pertenencia a un grupo social o por el instinto de supervivencia, conscientes o no, hemos estado imitando, y aprendiendo por imitación desde el día en que nacimos.

Esto nos ilustra como docentes, por qué los adolescentes actúan como lo hacen, la necesidad que sienten de pertenecer a un grupo, las sub-sociedades o tribus en las que se mueven, y la razón de que algunos chicos sufran rechazo por ser diferentes.

Sin embargo, y regresando al tema de las emociones, la escritora afirma que podemos gestionarlas y aprender a contagiar aquellas que nos son beneficiosas.

En 1994 se publicó la obra Emotional Contagion de los autores: Elaine Hatfield y John Cacioppo en donde se plantea la idea de que el mimetismo sirve para contagiar emociones, así que si varios expertos convergen en esta idea, nosotros en el aula podemos intentarlo.

Deberíamos prestar más atención a las emociones que sentimos y en qué situaciones, y cuáles de ellas contagiamos con mayor facilidad, para luego propiciar momentos que nos hagan sentir bien, y evitar aquello que nos desgasta y agota emocionalmente, somos muy propensos a estar en contacto constante con situaciones propias de nuestra labor docente que nos estresan y minan nuestra salud física y emocional, y aprender a educar nuestras emociones es absolutamente fundamental.

Una manera de alejar aquellas emociones mal sanas es practicando un diálogo abierto, sincero y aunque no despreocupado del todo, si asertivo y reflexivo (Vielma R., 2014, Vol 4, Nª 4) evitando las cargas emocionales negativas que produzcan un ambiente pesado y estresante dentro del aula y el contacto con nuestros colegas, no siempre estamos de acuerdo con las opiniones ajenas pero dejar que estas nos afecten es nuestro trabajo, no el intentar cambiar a los demás.

Eduard Punset puede ilustrar mucho este punto en su programa Las emociones y el aprendizaje del 27 de noviembre del 2003, nos recuerda que aquella frase "La letra con sangre entra" ha sido desde siempre totalmente falsa, hoy la neuro-psicología ha demostrado la enorme plasticidad que tiene nuestro cerebro, esa capacidad para regenerarse, para crear nuevas ramificaciones, sinápsis neuronal, que fortalecen y refuerzan lo aprendido, se sabe por ejemplo, que el cerebro límbico, en donde se alojan las emociones, actúa relacionado con la neocorteza para fijar los conocimientos, aprendemos más y mejor de aquellas experiencias que nos son agradables que de las que nos producen malestar.


De ahí que procuremos hacerle "la vida feliz" a los estudiantes en nuestras clases para propiciar un aprendizaje más fácil y significativo, ya que lo que aprendemos con olores, risas, colores y buen ánimo lo recordamos con mayor facilidad.

¿Se puede aprender y enseñar a ser feliz?, esta ha sido una de las grandes interrogantes de la vida desde que el hombre tiene conciencia sobre la tierra, ¿cómo sentirse bien?, ¿cómo enseñar a otros a estar contentos consigo mismos? y ¿cómo perpetuar ese sentimiento de bienestar?, muchas son las posibles respuestas y la prácticas que suelen llevarse a cabo en pro de ser y hacer felices, en los últimos años se ha experimentado y buscado una posible explicación científica del estado de felicidad y se ha encontrado que la ciencia y la felicidad si tienen relación, si se puede “enseñar” al cerebro para ser más felices.

Por lo general cuándo se le pregunta a alguien que significa ser feliz, la respuesta tiene que ver con la convención social de la necesidad de tener “salud, dinero y amor”, ¿pero son estas cosas realmente la clave de la felicidad?, el Dr. Martín Seligman habla sobre esto y otros aspectos relacionados al tema en una entrevista que le hiciera Edward Punset en su programa Redes en julio del 2013.

Según Seligman, psicólogo de la Universidad de Pennsylvania, se puede aprender a ser feliz siendo optimista, sin embargo, la facilidad de empuje y de sobrellevar las cargas no es igual para todas las personas, no todos tienen la misma capacidad de resiliencia ante las etapas traumáticas de la vida, aunque se puede entrenar para ser felices tomando en cuenta que es importante potenciar nuestra parte hedonista haciendo cosas que nos proporcionen placer, cultivar las aficiones que nos satisfacen de manera personal como practicar relajación, hacer deporte, comer sabroso, leer, todo depende de lo que cada cual considere placentero, hacer lo que nos gusta solo por el placer de hacerlo hace que la persona se sienta plena, buscar un sentido a la vida, pertenecer a un grupo, sentirse parte de un todo más grande, tener una vida con sentido, como diría Rick Warren vivir “Una Vida con Propósito”, saber que somos útiles a un designio y un plan mayor proporciona satisfacción. 

“La noción de felicidad es científicamente imposible de concretar”, pero puede descomponerse en tres elementos que son científicamente cuantificables: 1. Vida de placer: emociones positivas, reír, buen humor, relaciones afectivas. 2. Vida comprometida: amor, trabajo, familia, hijos, amistades, estar inmerso en algo que nos comprometa y fluir con ello, crecer, y 3. Sentido de la vida: saber cuáles son nuestros puntos fuertes y usarlos para “pertenecer” en pro de algo más, vida con significado como ya antes se mencionaba.

La felicidad entonces poco está relacionada con las convenciones sociales de salud, dinero y amor, afirma el catedrático que, el dinero por ejemplo, puede en parte potenciar la felicidad en los casos en que hay pobreza extrema, podríamos relacionar este punto con la pirámide de Maslow, recordando entonces su propuesta en cuanto a que el hombre se irá realizando a medida que tenga sus necesidades primarias cubiertas, de modo que valla en busca de las que se encuentran en el segundo plano de la pirámide y así sucesivamente, las necesidades primarias como salud y alimentación no se encontrarían satisfechas en casos de extrema pobreza, pero al estar compensadas, el dinero que “sobre” no hará la diferencia en el nivel de felicidad ni en su permanencia en el tiempo.

El cerebro tiene la increíble capacidad de ser flexible, plástico, cambiante, de aprender y de regenerarse creando redes neuronales que potencian ciertas habilidades, ¿porque no aprovechar esta habilidad desarrollando las áreas que nos proporcionan salud mental y bienestar, aprendiendo de las malas experiencias y practicando aquellas que nos dan sensaciones agradables, como pasar tiempo de calidad con nuestros seres queridos?

Hay que recordar que las emociones están en las zonas más primitivas del cerebro, ellas forman parte un sistema de guía para el organismo, ¿qué pasa a nivel físico cuándo somos felices?, la pituitaria y el hipotálamo segregan endorfinas que producen analgesia y bienestar, están también implicadas en la sensación de hambre, hormonas sexuales y estado inmune (previenen enfermedades); estimulan la producción de dopamina que es la encargada de fortalecer la sinapsis cerebral y con ellas se multiplican las redes hebbianas regenerando el cerebro y fijando los conocimientos en la memoria a corto, mediano y largo plazo; el cerebro produce endorfinas en respuesta a las sensaciones agradables así que practicar lo que nos gusta ayuda a que nuestro cerebro sea más positivo, todo esto por supuesto facilita la adquisición de conocimientos y el aprendizaje, el cerebro está en constante cambio incluso cuando reposamos, la clave está en reforzar aquellas experiencias que nos hacen felices, literalmente la felicidad atraerá más felicidad, y el aprendizaje atraerá más aprendizaje, dada la relación íntima entre las estructuras cognitivas y las estructuras emocionales del cerebro, el aprendizaje se verá reforzado si se lleva a cabo en un clima emocional adecuado.


Por otra parte, evitar a toda costa lo que nos provoca malestar personal y en el trabajo, como lo decía antes, es muy importante tanto por amor propio como por amor a los demás, a aquellos a quienes tenemos en el aula a diario; y una de las formas más comunes en las que nos hacemos cerebro con la gente es la manera tan ligera a la hora de formarnos una idea de los demás, de juzgar al libro por su portada sin permitirnos conocer a las personas, es más sabio esperar un poco antes de emitir un juicio.

Como docentes somos rápidos para etiquetar a nuestros estudiantes, si tan solo nos detuviéramos a observarlos y a conocerlos un poco más, nuestra apreciación sobre ellos y nuestra forma de verlos sería más objetiva y nos permitiría poder aplicar la tan aplaudida y poco aplicada pedagogía del amor.

Nos toca entonces hacer una reflexión interna sobre cómo nos presentamos a los demás, que les transmitimos y el efecto que dejamos en ellos, y a partir de ahí poder escalar los cambios necesarios en nuestras propias vidas que nos sirvan en nuestra labor docente.

Trabajos citados

Vielma R., J. (2014, Vol 4, Nª 4). El diálogo reflexivo como "Un encuentro humano saludable". una aproximación a su fenomenología. Consciencia y diálogo, 85-96.

Punset, Elsa. (2015, 09 de marzo) El contagio de las emociones. [Video]


Formación continua-Subsecretaría del desarrollo infantil integral. (2015, 24 de julio) El aprendizaje social y emocional. Errores frecuentes en la educación y tipos de escuelas. [Video]
            Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=9UEFkvMuJjo


Coca-Cola. (2015, 30 de abril) Coca-Cola Derribemos los prejuicios / Experimento. [Video]
             Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=y10u_THQ7w0


Redes, divulgación y cultura. (2013, 04 de junio) Aprendiendo a ser felices (Capítulo Redes 363). [Video]

               Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=RoOxyF1u1GM


miércoles, 10 de febrero de 2016

POR QUÉ LEER A LOS CLÁSICOS

Excelente texto tratado con una honestidad increíble de lo que significa leer o haber leído aquellos libros que han marcado generaciones enteras durante siglos, vale la pena dedicarle un rato a este artículo... Puedes descargarlo también en PDF


Por Ítalo Calvino
Empecemos proponiendo algunas definiciones. 
I. Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy releyendo...» y nunca «Estoy leyendo ...».

Es lo que ocurre por lo menos entre esas personas que se supone «de vastas lecturas»; no vale para la juventud, edad en la que el encuentro con el mundo, y con los clásicos como parte del mundo, vale exactamente como primer encuentro.

El prefijo iterativo delante del verbo «leer» puede ser una pequeña hipocresía de todos los que se avergüenzan de admitir que no han leído un libro famoso. Para tranquilizarlos bastará señalar que por vastas que puedan ser las lecturas «de formación» de un individuo, siempre queda un número enorme de obras fundamentales que uno no ha leído.

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